Conoce la verdadera historia del asistente del Diomedes el popular ‘Media vaca’

¿Usted cómo conoció a Diomedes Díaz?
Recuerdo como si fuera ayer. Eso fue en 1979. A mí siempre me gustó la música de Diomedes y de ‘Los Betos’. Yo empecé a trabajar con ‘Los Betos’ (‘Beto’ Zabaleta y ‘Beto’ Villa) yo era auxiliar, estaba pendiente de recoger los cables. En ese entonces viajábamos en los buses de Cootracegua y en la parte del techo venían los equipos del sonido. En uno de esos conciertos ‘Los Betos’ alternaban con Diomedes que tenía como acordeonero a ‘Colacho’ Mendoza. Esa noche Diomedes me mandó llamar con uno de sus auxiliares de sonido porque necesitaba hablar conmigo y hablamos y me pidió que trabajara con él para que estuviera al lado suyo todo el tiempo, para que lo atendiera.

¿Cuando Diomedes le dijo ‘para que me atiendas’ a qué se refería?

Para que estuviera pendiente al vestuario, alimentación, las medicinas, el agua, muchas cosas personales. Pero esa noche yo le dije que de momento yo estaba trabajando con ‘Los Betos’ y él me dijo que no me preocupara que si le tocaba hablar con ‘Beto’ Zabaleta lo hacía. Entonces hablaron y Diomedes le dijo que me necesitaba. Recuerdo que fue en una caseta en Barranquilla que se llamaba ‘El toro sentao’. En ese entonces a Diomedes le gustaba tomar soda Bretaña pero había que sacarle los gases porque sufría de gastritis; entonces me tocaba andar en promedio con diez botellas de soda. Diomedes no le tomaba agua a nadie porque a pesar de ser indio era muy inteligente.

Bueno era el año 1979, comenzó a trabajar usted con Diomedes Díaz, ¿cuánto le pagaba en ese entonces?

Me ganaba en ese entonces dos mil pesos por baile, era una buena plata. Yo estaba en nómina, pero Diomedes me daba unas bonificaciones; pero realmente a mí no me importaban mucho los dos mil pesos sino estar siempre al lado del artista, además yo sabía que iba bien por la confianza que él depositó en mí. Por esa confianza nunca lo defraudé.

¿Qué clase de persona era Diomedes Díaz?

Era muy querido, honesto, serio. A veces, como todo ser humano, estaba de buena tónica, a veces era lo contrario. Yo lo conocí a él en ambas expresiones. Yo lo sobrellevaba, porque había momentos que se despertaba de mal genio, no le hablaba a casi nadie, y como yo siempre estaba ahí él me comentaba que cómo era posible que ‘mientras nosotros estamos viajando en la finca la gente robándose el ganao y la excusa es que se mató una vaca, uno delega en personal de confianza y resulta que lo que hacen es robarle a uno, y yo no estoy para eso’.

¿Cuando usted conoció a Diomedes Díaz, él era un hombre adinerado?

Ya tenía su buena camioneta, le daban muchos regalos, regalos costosos, por ejemplo un reloj Rolex de oro; pero él no era apegado a nada, en muchas ocasiones regalaba la plata pero había muchas personas que no la sabían utilizar, porque si él se las daba para que le compraran una medicina a sus hijos, se la gastaban en otra cosas, en trago o mujeres; pero cuando una persona llegaba con una fórmula Diomedes siempre los atendía y solucionaba.


A usted lo conocimos con los saludos de Diomedes, sobre todo cuando le pedía un pañuelo, ¿qué tenía el pañuelo?

No sé. Él nació para eso. Yo compartí muchos momentos con Diomedes, comíamos en el mismo plato, hasta el punto que había momentos en que yo sabía qué le provocaba. El licor, le gustaba tomar whisky, brandy, aguardiente Cristal, a veces ron, había días en que no tomaba, hasta que se emocionaba. Aunque había mucha gente que le brindaba tragos, pero ‘El Cacique’ no le tomaba tragos a todo el mundo entonces me lo daba a mí y yo me lo tomaba. Con relación al pañuelo, es una cosa jocosa, tiene doble sentido, porque en los conciertos él no cantaba por cantar, Diomedes se entregaba en el escenario y tenía que cambiarse varias veces de camisa porque sudaba mucho, entonces yo tenía que andar con tres camisetas adicionales que combinaran con el vestuario.

¿Usted extraña a Diomedes Díaz?

Me hace mucha falta, como esa clase de personas ya no vuelven a nacer, él mismo lo decía ‘como Diomedes ni hay otro, eso nunca nacería y si nace no se cría y si se cría se vuelve loco’.

¿Diomedes Díaz era un artista envidiado por los demás artistas vallenatos?

Muchos. Y en la mayoría de los casos se lo manifestaban en versos. Cuando hacían los conciertos lo dejaban de último, decían que Diomedes no iba a llegar.

¿Cuál es el lunar negro en toda su historia con Diomedes Díaz, qué era lo que no le gustaba?

A veces los incumplimientos. Yo me desesperaba porque era el asistente personal. Por ejemplo estábamos en Santa Marta, nos quedábamos en el hotel Tamacá, y teníamos toque en Medellín, entonces él me decía que no quería viajar porque tenía problemas; pero yo le insistía. La razón que él tenía era que estaba enamorado, entonces era un problema. Yo le insistía porque no era bueno quedar mal, entonces me preguntaba si yo era socio del baile…(risas). Pero yo me lo sabía ganar y lo convencía y al final decía ‘vamos pa’ esa’.

Hace un tiempo usted tuvo un litigio jurídico con Diomedes Díaz por el no pago de prestaciones; ¿eso finalmente se superó, usted tiene algún resentimiento?

Antes de su muerte alcanzamos a sentarnos a hablar, me hizo ver que no era su culpa sino de los representantes ‘que se roban esa plata’ como él decía. Yo peleé jurídicamente porque yo me lo merecía y él entendió. Yo viajé a Valledupar varias veces y él me atendía como a un hermano, incluso me quería, me pedía que no lo abandonara, me decía que yo le hacía falta. Y esa buena relación que tuve con ‘El Cacique’ hoy se refleja en sus hijos, con quienes tengo una muy buena relación: Martín Elías, Rafael Santos, Diomedes de Jesús, con Patricia, la señora Elvira (mamá), ellos saben que yo a Diomedes lo cuidé como si fuera mi hermano. Incluso Rafael Santos, y Elder quieren que trabaje con ellos.

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