“Diomedes Díaz odiaba los cumpleaños” Jaime Pérez Parodi

 

En un día especial para la familia, los amigos, compañeros y fanáticos de Diomedes Díaz, por cumplirse un año más de su natalicio. Los que tienen la potestad de hablar son aquellos quienes lo conocieron de cerca y lo recuerdan diariamente en cada una de sus facetas como artista.

Uno de ellos es Jaime Pérez Parodi, el presentador de su grupo por más de 32 años, quien dio esta entrevista para EL PILÓN.

EL PILÓN: ¿Cómo recuerda a Diomedes en el día de su cumpleaños?

Jaime Pérez: Él odiaba los cumpleaños, porque era un año más de vida, un año más viejo (decía). Entonces pedía a los empresarios que organizaran un baile ese día, para no estar aquí en el Valle; pero siempre había una persona que le recordaba el cumpleaños a Diomedes. A veces lo celebrábamos en el bus viajando, uno se le acercaba y él se paraba pero era enemigo de eso. No le gustaba que lo felicitaran ni le dieran el feliz año. Él se escondía.

EP: ¿Qué es lo que más extraña de él?

JP: Diomedes era un hombre de apuntes, para todo tenía una respuesta. Él tenía una respuesta ‘a flor de labio’, era una especie de filósofo criollo; era como una especie de sibarita porque le gustaba el buen vino, la buena mesa y la buena mujer. Nosotros disfrutábamos mucho de su presencia cuando viajábamos, sacábamos panes, whisky y escuchábamos cada cosa que tenía por decirnos.

EL: ¿Qué opina sobre el nuevo sencillo ‘Entre el bien y el mal’?

JM: El público se ha vuelto perfeccionista, ahora están detallando todo lo que hacía Diomedes, entonces a algunos no les gusta la canción del bien y el mal, porque dicen que es una canción reciclada. Pero creo que eso va más allá, es que Diomedes a veces me llamaba y decía: ¡compadre!, póngame al aire la canción más fea que tenga yo. El que diga que comprendió a Diomedes está mintiendo. Yo en 32 años nunca lo comprendí. Diomedes tenía 10 mujeres bonitas esperándolo y se llevaba la más fea. Entonces uno no lo comprendía. Tito Castilla le ‘mamaba gallo’, le decía: compadre va a hacer un ancianato y él le contentaba, compadre, la gallina vieja da el caldo más espeso. Entonces se le decía que se pusiera un suéter amarillo y él se ponía uno rojo y Diomedes no atendió códigos ni parámetros, él tenía sus propias leyes.

EP: ¿Qué cree usted que le faltó por hacer a Diomedes Díaz?


JP: Él pensaba que ya lo había hecho todo, él decía que se sentía de cien años porque decía que un año de él valía por dos debido a que había vivido con mucha rapidez. Siempre tuvo presente la muerte, fue como la compañera en todos sus diálogos. “Fíjate que no me entierren donde me dé el sol, que siempre la tumba sea debajo de un palo porque con estos calores”, decía que los muertos sentían o escuchaban algo, entonces no quería minuto de silencio sino mucho ruido.

EP: ¿Qué no se ha dicho del artista vallenato?

JP: De Diomedes se ha dicho todo, le gustaba mucho los términos campesinos que entiende todo el mundo. Él tenía muchas anécdotas, la lagaña en el ojo, el perro que confundió con un ternero, cuando mandaba a cantar al público y cuando no le aplaudían después los regañaba, era un hombre impredecible.

EP: ¿Cuál fue el hecho que más marcó a la vida de Diomedes Díaz?

JP: La relación de Diomedes la divido en dos, antes y después de su estadía en la cárcel. Creo que eso lo marcó mucho. Lo conocí cuando era un muchacho amable, desprevenido, tenía ese sentir campesino desprendido de las cosas materiales y después de estar privado de la libertad Diomedes era iracundo, neurótico, irreverente, que peleaba con uno y trataba mal a los compañeros. Creo que el hecho de que cambiaran su horario para dormir y comer, le cambiaran su rutina y demostraran que en la vida no es lo que uno quiere sino que hay que aceptar leyes. Él pensó que era intocable y con eso se dio cuenta que era un hombre normal y eso lo cambió.

EP: ¿Qué fue lo último que le dijo Diomedes?

JP: Fue en el último baile el 20 de diciembre de 2013, me extrañó porque llegamos a las 5:00 de la tarde a Barranquilla cuando siempre salíamos a las 10:00 de la mañana. Viajó José Zequeda y Álvaro López que no viajaba con nosotros y en la carretera nos pasó el carro en que viajaba Diomedes. Por primera vez en 32 años, él llegaba primero que nosotros al espectáculo y nos tocó irnos derecho para allá. Cuando llegamos lo vimos extraño, con la ‘cama pintada en la cara’, llegó despeinado y como cosa rara se me acercó y me dijo: “no olvide que a usted lo estimo, lo tengo aquí (en el pecho), usted no me lo quita nadie”, y yo le dije que camisa bonita, ¿me la vende? Y me contestó: “no, esta se la compré a Tarzán”. Al final concluyó diciendo que fue el peor baile que había hecho y que era el último baile que cantaba y así fue.

Por Tatiana Orozco Mazzilli
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