La historia de Diomedes Díaz, de ídolo a fugitivo

Son muchas las teorías que relatan los dos años en que Diomedes Díaz se mantuvo prófugo de la justicia, pero sin dudar fue la música lo que lo mantuvo vivo. Leer También: La historia del brujo que trató a Diomedes durante 20 años

A sólo 48 horas de su cita con la justicia, Diomedes Díaz desapareció del mapa como si fuera un fantasma, y aunque su familia y amigos aseguraban no saber su paradero, guardaban la esperanza que se presentase a la audiencia.

‘El Cacique de La Junta’ gozaba del beneficio de arresto domiciliario, concedido por el padecimiento del Guillan- Barré, una enfermedad que degenera los músculos y provoca parálisis progresiva. Así fue como Diomedes consiguió librarse de la cárcel la primera vez.

Fue en agosto del 2000 cuando la jueza Claudia Bohórquez, encargada del asesinato de Doris Adriana, ordenó la captura al cantante vallenato por su responsabilidad dentro del crimen. Pero la sorpresa se la llevaron los agentes del la Fiscalía cuando no lo encontraron en su casa de Valledupar, lugar donde cumplía su medida de aseguramiento.

Diomedes fue declarado inmediatamente como prófugo de la justicia, y tuvieron que pasar dos años para que reapareciera en escena a entregarse voluntariamente en la cárcel de máxima seguridad de Valledupar.

Aunque nunca consiguió ser capturado, los rumores de su paradero eran parte de del cotilleo del pueblo y se hablaba de tres fincas a la vista de la carretera en las que permanecía cortos lapsos de tiempo protegido por grupos paramilitares del norte del país.


Y fueron las fiestas y las presentaciones privadas lo que lo mantuvieron vivo durante este tiempo. Diomedes era un hombre que vivía de ‘parranda’ y aunque su aspecto físico se deterioró hasta el punto de ser irreconocible, subirse a una tarima lo transformaba y cantar lo hacía olvidarse de los problemas, como un truco de magia que lo curaba.

Nunca nadie lo denunció y aunque estuviera en las narices de la policía era capturado. Diomedes era un ídolo del pueblo y aunque tuviera un crimen por delante y fuera un prófugo de la justicia, su fanaticada le perdonaba todo sólo por verlo cantar de nuevo.

El capítulo oscuro que inicio la noche del 14 de mayo de 1998 llevaba ya más de cuatro años en los que Diomedes no conseguía librarse del terrible destino de Doris Adriana, un fantasma que lo acompañó hasta el día de su muerte.

Tal vez fue la culpa, la desesperación o su dignidad, lo que lo llevó a las puertas de las autoridades, nadie lo sabe.

“Vengo a poner la cara a la justicia” fue lo que dijo aquel 27 de septiembre ante los guardias de la cárcel de Valledupar. Vestido con una camisa blanca, una gorra y unos tenis, Diomedes inició a otro capítulo a su extravagante vida. Leer También: El día que Diomedes Díaz “se la dejó ahí” al CTI

Comentarios